El tercer hombre

El tren salió puntual. 21.07. Llegamos a I., y al contrario que casi siempre, solo esperamos 2 minutos a que pasara el otro tren. Tenía 4 asientos para mi solo. Uno para la mochila, otro para el anorak y mis piernas, otro para el resto de mi cuerpo y uno para la nada. En el cristal se reflejaba el chico que estaba 4 asientos por delante y que iba en sentido contrario. Miraba su reflejo, tenía una extraña mirada. La ilusión que sus ojos producían contra el cristal me turbaba. No era una situación cómoda. Pero ¿qué hacer cuando no se puede hacer nada salvo escuchar música? Dormir. Después de pasar L. me quedé dormido, con la cabeza apoyada contra el metal que bordeaba la ventana, el único ángulo muerto del que disponía, el único sitio donde el extraño que parecía salido de una pesadilla de Orson Welles no se podía cruzar con mi mirada. A los 20 minutos desperté, abrí los ojos, miré al reloj y me percaté de que aún faltaban 30 minutos para llegar. Alcé la vista y el chico no se había ido, seguía reflejado en el cristal, con lo ojos fijos, posiblemente en la nada. Bajó la cabeza y se puso a dormir. Intenté no volver a caer, juro que lo intenté. Pero fue en vano. Volví a apoyar la cabeza en mi bien querido ángulo muerto y dormí como un niño agotado tras una larga tarde de verano en la playa o en el parque. Al llegar a Santiago despertamos. Mi extraño compañero de viaje se desperezó, bajó la maleta y se vistió. Yo me puse la chaqueta y esperé a que llegaramos a la estación. Salimos a la par, y entonces descubrí que era un chico normal y corriente, no había nada extraño, nada hipnótico ni nada amenazante en su mirada, la cual solo denotaba grandes dosis de tristeza casi puber mezcladas con un introvertismo patológico. Sonreí. Fue divertido montarme una película de terror psicológico en mi cabeza.

¿Y qué importancia tiene esto ahora? Pues que como dormí más de 3o minutos en el tren, mi cuerpo no quiere ponerse a dormir, de tal forma que mi cabeza, sumida como está en un profundo nivel de locura nocturna que roza la demencia insómnica, tiene que soportarlo, invirtiendo de esta forma el orden lógico de los acontecimientos y desdiciendo al mismísimo Newton. La gravedad física no existe a estas horas de la noche, en esta habitación helada inundada por el olor a madreselva. Y la gravedad psicológica carece de importancia.

 

Ficción de la madrugada: Battlestar Galactica

Canción de la madrugada: All You need is love (The Beatles)

Personaje de la madrugada: Sheldon Cooper (The Big Bang Theory)

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Una respuesta a El tercer hombre

  1. C.J. dijo:

    por qué no vinisteis a verme malas personas?

    me voy a casa. tengo puré de calabaza. el puré de calabaza os echa de menos. me acabas de mandar un mensaje. qué miedo.

    mañana nos vemos en guión. take care ;)

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