El Gordo

Acaba de salir el Gordo. 78294. No ha habido suerte. Los niños de San Idelfonso no han tenido a bien darnos una gran alegría y parafraseando a todos los ganadores de todos los años poder “tapar agujeros”.

Ayer fui, haciendo una excepción en mi encierro viral, a ver el festival de Navidad del colegio de mi hermano. Hacía mucho tiempo que no iba a uno y francamente ya no me acordaba de cómo eran. Los festivales de Navidad son la cosa más ñoña, vergonzosa y ridícula que hay en el mundo.

La mejor actuación fue la de la clase de mi hermano que recitó perfectamente un canto de misa que la profesora al mando nos intentó vender como un villancico. Error. A mi no me venga con esas señora, que soy un experto navideño con varios años de experiencia en el coro.

Entre las actuaciones medianamente decentes estarían un baile descorografiado que profana la canción estrella de Love Actually, dos villancicos pseudo-latinos y el colmo de la profundidad de los sentimientos: una canción inglés cantada por las más grandes y los más pequeños del colegio y que habla de bondad, generosidad, amistad y amor (no carnal), mientras de fondo vemos imágenes de una familia feliz (madre rubia, padre moreno, hijo rubio, hija morena) y de unos pobres indígenas que perfectamente podrían ser, si lo que me ha enseñado GH sirve de algo, de Papúa Nueva Guinea. Y el resultado, lejos de ser entrañable, es patético. Y lo es porque los que cantan no saben lo que dicen y los que oyen no saben lo que escuchan, y simplemente se aman los unos a los otros en medio de fuegos de artificios baratos como encender bengalas o hacer pulular a un niño con una bola (deforme) del mundo pegada en las manos.

Pero lo peor estuvo por llegar, “otros vendrán que bueno te harán”. Unas niñas estuvieron a lo largo de todo el evento formando con letras de cartulina hermosas palabras tales como risa o paz, y al final formaron la palabra amor pero la A estaba al final y en lugar de amor teníamos mora. Este fue el momento cumbre de tan deplorable acontecimiento. El público rió hasta ahogarse en su propia risa. Y yo me moría del bochorno. ¿Por qué el ser humano se sigue haciendo estoa si mismo? ¿Qué mentes perversas consideran que teatralizar el error en la colocación de unas letras es gracioso? Y lo que es peor ¿por qué nadie se dio cuenta de un recurso tan antiguo y burdo? No lo sé, pero me dieron ganas de vomitar al ver a las púberes echándose la culpa como si de verdad se hubieran equivocado y a la gente riéndose sin ser conscientes de que les estaban tomando el pelo.

Así que, indignado, volví para casa con mi vestuario de Frost, el muñeco de nieve y mi espíritu navideño peligrosamente parecido al del Grinch.

Ficción de la mañana: Dexter

Cancion de la mañana: El blues de una generación perdida (Amaral)

Personaje de la mañana: Dexter y Debra Morgan (Dexter)

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