L.A.

Acabo de terminar de ver la 3ª temporada de Californication. Han pasado sólo 30 segundos pero las ganas de llorar se han esfumado. Lo reconozco, casi lloro con Hank Moody, el mayor ninfómano de la historia de la televisión.

Esta temporada ha tenido dos partes muy diferenciadas. En la primera mitad Karen estaba en NYC alejada de Hank y de Becca. Y las cosas no funcionaban ni interna ni externamente. La familia Moody se iba al garete y a mi me importaba un bledo, la serie había perdido la chispa, la magia. El sexo sólo era sexo, no simbolizaba ni aportaba nada.

Pero después volvió Karen, el amor eterno de Hank Moody, la madre de su hija, su inspiración y su ancla. Y Californication volvió a ser lo que siempre fue: una escabrosa historia de amor. De tal forma que la otra mitad de la temporada estuvo a la altura de las circunstancias, me hizo reír, me hizo pensar y al final casi me hizo llorar. La primera temporada tenía un final feliz, la segunda uno agridulce, la tercera acaba mal, muy mal. Hank se hunde en si mismo, y yo con él, porque a estas alturas el cabroncete de Hank Moody se ha ganado un puesto en mis personajes favoritos.

Ficción de la tarde: Californication

Canción de la tarde: California Dreamin (The Mamas and the Papas)

Personaje de la tarde: Hank Moody (Californication)

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