Sobre el placer culpable y los musicales

Un placer es culpable cuando mientras lo experimentamos sentimos que en realidad estamos vendiendo nuestra alma al diablo, pero los remordimientos son incapaces de acallar a nuestros oscuros e inconfesables deseos.

Cuando hace ya casi 2 años se estrenó en todo el mundo la adaptación al cine del musical de Catherine Johnson, Mamma mia! leí en el diario El País, ya no se si de la pluma del crítico Jordi Costa o de la escritora Elvira Lindo, que la película era un claro ejemplo de placer culpable, un divertimento del que el escritor del artículo se sentía avergonzado de haber disfrutado.

Mamma mia! es todo lo que un musical debería ser: salvajemente entretenido, musicalmente perfecto y bastante ñoño por momentos. Pocas veces me he reído tanto viendo una película, pocas veces he visto personajes tan bien perfilados en una comedia romántica y nunca hasta la fecha había visto a una Meryl Streep tan deshinibida y desfasada, mucho mejor que en su interpretación de aquel año: La Duda.

Si Mamma mia! tiene en mi opinión todas estas innumerables facultades, ¿por qué es un placer culpable? Porque la comedia romántica comercial está mal vista, porque para la mayoría de amantes del cine lo divertido es igual a corriente, como si provocar la risa continua no fuera un extraño milagro que no se produce todos los días. Y además está la consideración que sobre el musical tienen muchos snobs del cine. El musical es ñoño, cursi, absurdo, irreal, cansino. Chicago es uno de los Oscar más nauseabundos de la década. Glee es una serie para adolescentes salidos sobre adolescentes en celo. Moulin Rouge es como un anuncio de perfumes. Dr. Horrible se salva porque es un ejercicio de freakismo y Sweeney Todd porque su director es Tim Burton. Son puras pamplinas. Pocos géneros son tan puramente cinematográficos como el musical. Su esencia es la del cine sonoro y su función entretener a masas deseosas de cantar y bailar melodías pegadizas y ver como las canciones hacen avanzar la acción ante nuestros impávidos ojos. Y eso es precisamente lo que hace Mamma mia! Coge las canciones de uno de los grupos más famosos de la historia de la música: Abba, y a partir de ellas construye una acción que fluye sin problemas entre estribillos pegadizos, canciones absurdas y otras, que aunque pueda parecer extraño para muchos, tiene unas letras bastante interesantes. Sí, me gusta Mamma mia! y aunque odie reconocerlo me sigo sintiendo algo culpable. Todo está en el subconsciente.

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Una respuesta a Sobre el placer culpable y los musicales

  1. tu actualización me acaba de dar mucho miedico… mañana te explico el por qué xD

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