La moral según yo

De pié sobre mi sacrosanto altar observo al mundo que me rodea. Lo observo como hace años que no lo observaba. Estoy cerca del paraíso, muy cerca. A esta altura puedo discernir lo que está bien y lo que no, lo que es justo y lo que no, lo que es moral y lo que no. Yo soy el amor se llama una película italiana dirigida por Luca Guadagnino y protagonizada por Tilda Swinton. Yo soy la moral es el título de la película de la que voy a hablar hoy. Es moral no sólo amparar la corrupción, sino cuestionar a la vez a la policía y a la justicia. Es moral cerrar la boca mientras se cometen crímenes en mi entorno. Es moral apoyar el incumplimiento de la ley. Es moral usar expresiones como “usted traiciona a los muertos”. Es moral dividir a la gente. El ying contra el yang. Los buenos contra los malos. Nosotros contra los otros. Es moral destruirlo todo sin proponer nada. Todo por nada. Vivir del aire, pisando al resto. Lo amoral es lo que hacen los demás. Lo que no satisface mis necesidades. Lo que no viene escrito en El Príncipe de Maquiavelo. Los amorales son los que no se disfrazan, los que no persiguen otra cosa que llegar a final de mes. ¡Oh la falta de ambición! ¡La mayor de todas las bajezas morales! Por suerte, subido en mi nube de expresiones del S. XVII, en mis chascarrillos, en mis finos insultos, en mis sonrisas picarescas, estoy a salvo de ello. El mundo se va al carajo. ¿Y a mí qué? Yo estaré aquí para enriquecerme con sus pedazos.

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