El hombre construído

Don Draper enciende un pitillo como sólo un ganador nato o un perdedor consumado sabe hacer. Con la sutileza y el descaro con los enreda a decenas de mujeres en su opaca forma de mirar el mundo. Con la rabia y la decisión con las que después les hace el amor. Home Run. La victoria del hombre brillante enfundado en un traje gris. El hombre hecho así mismo. Todo elevado a su máxima expresión. Pisando a fondo hasta la última consecuencia. Cada vez somos menos dueños de nuestros actos. Don Draper tiene una mente sucia. Sexo, humo y alcohol. No siente remordimientos. Ni evade responsabilidades. Frente a las olas de cambio intenta mantener los cimientos de sus múltiples vidas. No está dispuesto a mostrar siempre una sola cara. Don Draper siempre tiene un as en la manga. Es lo que tiene tener una mente privilegiada incapaz de hacer el bien. Todo forma parte del juego. El juego de la vida. La supervivencia. En esta cuarta temporada de Mad Men, Don Draper seguirá tapando los pufos externos e internos, mientras sigue persiguiendo lo inalcanzable, transformar el mundo, en lugar de que el mundo lo transforme a él.

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