Fuera de temporada. Treme

Hace casi una semana que acabé la primera temporada de Treme, la nueva serie del tándem David Simon – HBO, tras The Wire (de la que tengo tanto que decir que no sé por dónde empezar) y la miniserie bélica Generation Kill. Hace casi una semana y sigo sin palabras. La única que tengo fija en mi cabeza es en plural, sentimientos. Quizás por contraste con respecto a The Wire. La anterior serie de David Simon era una crónica letal sobre el devenir de la sociedad occidental en general, y del de una ciudad como Baltimore en particular. Drogas, política, corrupción, todo con un tono hiperrealista, cortante, que no concedía ningún tipo de tregua y que tampoco pretendía despertar sentimientos en el respetable, sólo hacerlo pensar. En este sentido Treme es la evolución natural de las premisas primigenias del universo de Simon. Treme es todo lo que era The Wire (pausada, reflexiva, compleja, inteligente) pero además es profundamente emotiva. A uno le destroza el alma ver el día a día, la lucha por la supervivencia, de un grupo de perdedores con el agua al cuello en una ciudad derrotada, que no muerta, Nueva Orleans, o lo que de ella queda 4 meses después del huracán Katrina. Y de esta forma emprendemos un viaje acompañando a diversos personajes que se entrecruzan en la ciudad de la música americana y los carnavales eternos, un viaje lleno de tristeza pero también de esperanza, un viaje desolador y optimista entre las ruinas y el comienzo de la reconstrucción física de una ciudad con el alma rota que se sigue amando a sí misma, a su historia y a su leyenda, a su pasado pero también a su futuro. Una ciudad que se niega a morir, habitada por unos ciudadanos que luchan todos los días por salir adelante mientras conservan las esencias de lo que un día fueron, que a pesar de toda la fatalidad que se les vino encima, de la incompetencia de los políticos, de la diáspora a la que se vieron sometidos, siguen bailando, cantando, comiendo, tocando y por supuesto celebrando el Mardi Gras. Un 10, una obra maestra, infalible, perfecta en todos los apartados, con mención especial para sus actores.

El capítulo: I’ll fly away (1×10)
Lo mejor: La música, los actores y como es capaz de huir del dramatismo con dulzura y optimismo realista.
Lo peor: Que no haya tenido mayor repercusión y que los Emmys sigan empeñados en no reconocer el inmenso talento de David Simon.
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