La misma tierra, la misma lluvia

Y ayer volvió la lluvia, mojando la tierra y el asfalto, dando un vuelco al olor del ambiente. Trajo con sigo al viento, y a esa sensación de calor fresco que se apoderó de todo. Y yo me acurriqué al lado de la ventana abierta y lo presencié todo. Desde que era niño adoro los lluviosos días de verano, porque me hacen olvidarme del calor sin temer la llegada del invierno. Mi piel extrañaba la sensación de la lluvia, del agua precipitándose al vacío sacudiendo el aire e impregnándolo todo de humedad.

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