Fuera de temporada. Breaking Bad

Breaking Bad vendría a ser, según he leído por ahí, algo así como Echándose a perder. Y sí es así el título de este drama de AMC no podría ser más apropiado, porque de eso va la serie, de cómo un hombre en apariencia normal, Walter White, profesor, marido y padre ejemplar, deja salir su monstruo interior tras conocer que padece cáncer y a partir de ahí comienza un camino a la perdición, al principio tiene un motivo para hacer lo que hace, pero al pasar los capítulos vemos como va profundizando en el laberinto letal que él mismo se fue construyendo, para al final, en esta tercera temporada, descubrir que ni él, ni Jesse (su Sancho Panza particular) ni siquiera su mujer Skyler (una Anna Gunn que va de menos a más), desean encontrar la salida, sólo seguir un día más con vida para caminar otros metros más por la trampa mortal en la que están sumidos.

Este es el fondo de la historia, pero en esta serie, más que en ninguna de las que veo, la forma es muy importante. Breaking Bad es para mi gusto la mejor serie visualmente hablando del panorama actual. Una fotografía preciosa que se engrandece en los inmensos espacios abiertos que pueblan esta historia rocambolesca y demencial, y sobre todo el uso desmedido de geniales planos chocantes que construyen su propio ritmo narrativo, el ritmo Breaking Bad, y que nos sorprenden a cada paso que damos con los personajes. Es prácticamente imposible ver Breaking Bad sin quedarse embobado viendo el espectáculo de fuegos artificiales que nos montan. No, esta no es otra serie formalmente académica, Breaking Bad es visual, y temáticamente irreverente.

Pero cómo cerrar este comentario de la tercera (y mejor) temporada de Breaking Bad sin hablar de su reparto.  No es sólo cosa mía, los Emmy lo acaban de decir, Bryan Cranston (para nosotros el padre de Malcom) y Aaron Paul no son buenos, ni siquiera sensacionales, son espectaculares, su capacidad de simbiosis con los personajes que interpretan, Walter White y Jesse Pinckman respectivamente, es tan inmensa, tan profunda y jodidamente intensa que uno no puede hacer otra cosa más que sentarse, mirar a la pantalla fijamente y aplaudir con las orejas, mientras lucha sentimentalmente contra unos personajes que son odiables y amables al mismo tiempo. Un 9.

El capítulo: One minute (3×07) & Full Measure (3×13).
Lo peor: Es demasiado irregular, nunca te deja con el sabor de haber visto algo impecable.
Lo mejor: Cranston, Paul y la apuesta visual.
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