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Llevo 15 minutos haciendo cuadrados con el ratón que no es ratón de mi portátil. Busco algo que ver y no lo encuentro. Acabo de poner 5×2 de François Ozon, el enfant terrible del cine francés, que ya no es enfant, ni mucho menos terrible, si es que algún día lo fue. Pero no me convence. Internet va de puta pena. Demasiado paradógico. No hay nada que quiera ver ahora. Sólo una cosa, los dos primeros capítulos de Studio 60, pero internet no funciona y no tengo los subtitulos. Echo de menos a Josh, que aquí ya no es Josh sino Danny. Me gusta este estado de dulce locura interna. Me crucé sin sentido por la acera y me reí, porque siempre es bueno reirse y hay veces que no lo valoramos lo suficiente. Demasiadas veces. Internet vuelve a funcionar correctamente. He encontrado los subtítulos y mañana será otro día y todas las ideas que tengo ahora mismo en la cabeza estarán más maduras. Pero hoy soy como un niño post-conflicto bélico con zapatos nuevos.

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