No me obligues a ofrecerme voluntario

Hoy me levanté a las 14.15, me tomé un café a las 22.30. Y no, no tengo sueño. Escucho canciones que ya había olvidado, canciones de tiempos peores. Leo cosas que ya había olvidado, lecturas de tiempos peores. Compadezco a mi yo anterior, hundido en la miseria. Me alegro muchísimo de que mi percepción de las cosas haya cambiado para mejor. No está mal mirar hacia atrás, 2 o 3 años atrás, y ver que ahora siento que las cosas van bien. Es muy extraño como asocio determinadas historias a determinadas canciones y a determinados sentimientos del pasado.

Hace frío aquí. Vi Felipe y Letizia. ¡Oh Jesús! Me reí mucho. Después nos tragamos el especial completo sobre la princesa (no del pueblo, porque esa es (la) Esteban). Me divertí mucho con mi cuerpo resguardado debajo de la manta. Le di un beso de buenas noches a “la loca del cuchillo” (ese gran personaje del blog de CJ), que ya se había bajado del tren monárquico a eso de las 23.00. A la 01.30 volví a la aticueva. Y así volvemos al inicio de la historia. Pero como paso de las estructuras circulares y no tengo ganas de ver series ni películas, alargaré todo un poco más.

Mañana me tengo que levantar a las 10.30. Tengo que hacer la colada porque ya no tengo ropa limpia que ponerme. Tengo que averiguar que días me va a limpiar la señora de la limpieza la habitación que se cae con toda la suciedad acumulada. Esta es una de las aventuras más apasionantes con las me enfrento cada semana. Hasta ahora en menos de un mes ya se ha adentrado en mis territorios los cinco días de la semana. Es como jugar a la ruleta. Con su mirada de desaprovación como posible castigo.

Hoy mi madre desarrolló una de las habilidades que más admiro de ella, perdirme algo sin perdírmelo, consiguiendo que sea yo el que me ofrezca aunque no tenga ninguna gana de hacer lo que me obligo a hacer. Eso es un don muy útil. Es difícil usar las palabras adecuadas en el momento adecuado, ser sutil y delicado, y usar el tono exacto de voz. Lo peor es que siempre caigo, en parte porque me resulta divertido, en parte porque no soy consciente del engaño hasta el momento en que me ofrezco voluntario para ir a la guerra. Espero que a mi vuelta sea recompensado con sabrosos dulces y abundantes comidas. Que mi almohada esté más mullida de lo normal y que todo siga en su sitio adecuado. Cuando cierre los ojos todo tendrá sentido.

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3 respuestas a No me obligues a ofrecerme voluntario

  1. LG dijo:

    Las madres tienen ese gran poder, patrón. Deberías saberlo xD Pero luego suelen tener detallitos que compensa tu “inmenso” esfuerzo.

    Echo de menos los cafés con leche grande… aquí te miran raro cuando pides uno, resulta que tienes que pedir un “cortado con leche” xD cositas…

    Me alegra que la familia siga unida viendo cosas que jamás pensé que verían en la tele. Os echo de menos!!

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