Los espías que vivían en el frío

Hace ya varios meses que Rubicon echó el cierre, y puso punto final a su primera y última temporada. Lo hizo con un capítulo anti-clímax, después del clímax superlativo que supuso el capítulo 12, Wayward Sons, dónde nos encontramos cara a cara con la vulnerabilidad del sistema en el que vivimos. En nuestro paraíso democrático el destino no es cuestión del azar, hay unos jugadores, y unas fichas, un juego de intereses creados y que buscan retroalimentarse. En un escenario tan oscuro, las conspiraciones son el pan nuestro de cada día, y aquí nos presentan una de las grandes, una a escala global, que implica a grupos terroristas, grandes empresarios, servicios secretos, oscuros lobbys… Pero Rubicon no es Alias. Gracias a Dios, porque Alias era muy divertida, pero también muy banal, rocambolesca y aficionada a la desmesura (todo ello marca de la casa J.J Abrams, supongo), y Rubicon no. Rubicon es seria, fría, inteligente, paciente (mientras pide al respetable paciencia también) y metódica. Es pura slow tv, una delicia.

Además en Rubicon, no se inventan tramas sobre la marcha, todo da la sensación de estar perfectamente calculado, no hay improvisaciones, no hay golpes de efecto, no se engaña al espectador ni se le enreda en múltiples trampas. No. La primera joya fracasada AMC es una serie sincera, que sin estridencias te atrapa no solo con “la trama” sino con las tramas que parecen episódicas pero acaban por convertirse en el reverso oscuro de la que creíamos historia principal. Nada está sujeto al azar. Todos los enigmas tienen sus respuestas, todos los elementos contribuyen a poder vislumbrar el final. No, Rubicon no es Alias, pero tampoco Lost o The Event. Es más ambiciosa en el fondo y más simple en la forma. Todo es muy sobrio en esta serie, la puesta en escena, la recreación, los diálogos y sobre todo las interpretaciones, a cargo de un reparto solidísimo, desde el protagonista, un impecable James Badge Dale (encarnando al torturado Will Travers) a los secundarios más complejos, como la genial (y oscarizada) Miranda Richardson (Katherine Rhumor), el enigmático Arliss Howard (Kale Ingram) o el brillantemente pérfido Michael Cristofer (Truxton Spangler), sin olvidar a los a priori más normales (con papeles menos lucidos) como Lauren Hodges (Tanya) y Dallas Roberts (Miles), el irónico hermano de Alicia en The Good Wife.

Nota: 9
El capítulo: Wayward Sons (1×12).
Lo mejor: El tono y la sinceridad de la serie.
Lo peor: Que puede llegar a resultar demasiado fría.
 
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