Las series de la semana. S02E02 – Las series del verano

Se me fueron acumulando tantas semanas que para empezar impoluto otoño he decidido ordenar las 10 series que vi este verano y aquí paz y después gloria.

10. Falling Skies (TNT)

Falling Skies es el paradigma del juego de las expectativas. Todo el mundo se esperaba una gran serie de tono oscuro y profundidad dramática, apadrinada por el siempre entretenido Rey Midas del cine, su excelencia Steven Spilberg. Pero resultó que Falling Skies (que se empieza a emitir hoy en Cuatro BTW), es una serie familiar, ultrapatriota, mojigata y muchas veces superficial. Pero es entretenida, y aunque el reparto en general es un desastre con patas (algo que ya le pasó a The Walking Dead, in my opinion) Noah Wyler no lo hace mal y sus dos hijos mayores están bastante bien, sobre todo Ben, interpretado por Connor Jessup, un teen que voluntad de artista, un actor con posibilidades. En resumen es un cruce bastardo entre La Guerra de los Mundos de tito Steven y Independence Day de Roland Emmerich, con todo lo que ello implica.

9. Torchwood. Miracle Day (Starz – BBC)

La cuarta temporada de Torchwood, Miracle Day, o más bien su segunda miniserie después de Children of Earth, empezó muy bien, con un gran punto de partida: un día los seres humanos dejan de morir, pero durante su desarrollo no fue quién de explotarlo correctamente. 10 capítulos fueron demasiados para contar una historia que se estiró como un chicle y solo recobró algo de fuerza en su recta final, vaciada ya de pretensiones. Si las connotaciones políticas que se esbozan hubieran sido desenvueltas en profundidad esta serie podría haber llegado a ser grande, pero se ha quedado en un mero entretenimiento, a veces muy divertido y otras algo pesado y deslavazado.

8. Awkward (MTV)

Awkward es una serie teen razonablemente buena que bebe de las mejores comedias teen americanas, es decir de Chicas Malas, 10 razones para odiarte y la reciente Easy A, en cine, y de Popular (¡Ryan Murphy, estás hasta en la sopa!) en televisión. Los actores están bien, las tramas juegan con los tópicos sin verse abducidas por los mismos y los capítulos, de 20 minutos, se pasan en un visto y no visto. Prototipo de placer culpable, esta serie (salvo por algunos giros de guión teen-dramáticos al más puro estilo Murphy (véase la ya citada Popular y Glee)) está muy bien.

7. Weeds (Showtime)

Si Weeds nos ha demostrado algo es que las rectas finales de temporada (sobre todo las season finale) son su especialidad, así que posiblemente Weeds estaría más arriba en esta clasificación si esperáramos al final de temporada. Dicho esto, he aquí la temporada que menos me ha gustado de Weeds con diferencia. No sé exactamente de que va, no hay trama, causa y consecuencia, Nancy sigue manteniendo el bote a flote y la incorporación de Zoya fue genial, pero la nave no va, cada vez que veo a Andy se me rompe el corazón, verlo tan desdibujado es duro, ¡con lo que él ha sido!, Shane no está funcionando mucho mejor y Silas-moreno se mueve por el filo de la navaja. Esta serie no es Weeds, es su sombra.

6. True Blood (HBO)

Otra que firma su peor tamporada aunque han sabido salvar los muebles en su recta final. Si Zoya fue el gran puntazo de Weeds, el de True Blood fue Antonia Gavilán de Logroño (Lougrouñou, como dirían en Bon Temps y 50 kilómetros a la redonda). Pero la trama principal no fue tan apasionante como de costumbre y las tramas secundarias, aunque estuvieron mejor trenzadas (salvo la de Sam y Alcide) que en las temporadas anteriores, tampoco lo fueron. A esto hay que sumarle que aunque los momentos WTF? siguieron existiendo, el sexo sucio y salvaje de antaño disminuyó (dramáticamente para mi mente sucia) y la sangre y violencia cuasi cómicas también. Aún así la temporada no estuvo mal, porque dejó buen sabor de boca, porque Anna Paquin cada día me gusta más (es una actriz de comedia acojonante) y porque cumplió perfectamente su función de etapa de transición hacia una quinta temporada que cabe esperar acojonante. Esa season finale tan cliffhangera lo justifica todo. And when I die fue deliciosamente memorable.

5. Louie (FX)

Louie ha dejado de pisar el acelerador esta temporada, sigue teniendo momentos brillantes, casi poéticos, demoledoramente pesimistas y angustiados (y posiblemente angustiosos), pero no ha alcanzado los momentos de magia de la temporada pasada. Aún así, tiene mérito.

4. The Big C (Showtime)

Cuando The Big C se relaja y juega en el terreno de la comedia (véase las secuencias en el bar gay de osos) es muy buena. Fresca, inteligente, divertida. Pero cuando se pone tensa y le da por soltar drama por los cuatro costados (véase la peligrosamente previsible resolución del capítulo de Thanksgiving) la serie baja el listón, y mucho. The Big C tiene potencial, los mimbres están ahí, pero los guionistas se empeñan en que la serie se despeñe por unos acantilados que no llevan a ninguna parte. La cruel batalla entre lo innovador e ingenioso y lo conservador y esperable, seguirá disputándose y yo seguiré de espectador, porque sé que lo primero puede vencer a lo segundo.

3. Luther (BBC)

John Luther sabe que va a ir al infierno. Él lo sabe, nosotros lo sabemos. Sólo deseamos que vaya cogido de la mano de Alice Morgan, tan brillante como pérfida. El único fallo de altura de esta temporada ha sido que Alice se desvaneciera en la tiniebla. El resto, modélico. Dos casos, sólo dos, pero qué dos casos, no podrían haber estado mejor escritos y dirigidos. Luther es una serie visual y narrativamente muy cuidada. Y eso, junto a su aire insano, se agradece.

2. The Hour (BBC)

The Hour, salvo el primer capítulo que es demasiado lento e impreciso, es una serie para enmarcar. Maravillosa, inteligente, elegante, visualmente hermosa, profunda, muy bien interpretada, con dos tramas principales muy bien construídas que acaban fusionándose al final del relato, cuando todas las cartas se ponen al fin sobre la mesa, y descubrimos que todo tiene sentido, que la narración y su resolución fueron impecables. Aquí hay intriga y los más altos ideales. The Hour es simplemente apasionante. Romola Garai, contigo, al fin del mundo.

1. Breaking Bad (AMC)

Este verano comenzó siendo un acose y derribo contra Showtime y terminó siendo el verano en que jugar a “Apedrea a AMC” fue proclamado deporte mundial predilecto. Y mientras las ordas bloggeras tiraban por los suelos a la cadena de Mad Men y Rubicon (palabras mayores), volvió Breaking Bad, esa serie que iba sobre un profesor de química con cáncer terminal que se mete a concinero de metanfetamina (repito, iba). Y lo importante volvió a ser importante. Las negociaciones de AMC con sus showrunners no son importantes (mientras no afecte a los productos), que Breaking Bad siga siendo una serie arriesgada, visualmente insuperable y narrativamente sólida que descansa sobre las espaldas de esos dos grandes actores, casi divinos, llamados Bryan Cranston y Aaron Paul, sí lo es. Para los que odien a AMC porque sí, porque parece ser que es mejor apoyar al fuerte (HBO) que al débil (AMC, Showtime, FX), que se vean Hermanos (Breaking Bad S04E08), y que aprendan que es hacer un producto valiente, que salta al vacío sin temer al vértigo, que es enérgico y que no podría estar mejor hecho. Breaking Bad, una de las mejores series vistas en la TV, ayer, hoy y posiblemente siempre.

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