Sorkin y la eterna obsesión por Network

   SIN Espoilers

Pensé mucho sobre si escribir o no escribir sobre The Newsroom. El alud de post que sobre la serie se han escrito a lo largo de esta semana, y que se podrían resumir en “The Newsroom tiene lo mejor (diálogos, personajes, inteligencia) y lo peor (adoctrinamiento, suficiencia moral e intelectual) de Sorkin porque es Sorkin en estado puro” así como mi incapacidad de mostrarme realmente crítico con un capítulo que me fascinó me echaban para atrás. Para adelante me empujaban las ganas de poder reflexionar más allá de mi sobre-saturada (y en ocasiones esquizofrénica) cabeza sobre lo nuevo de Sorkin, que para mí es lo más cercano a Dios que hay en el mundillo de la escritura audiovisual. Este es el contexto. Aquí estoy dispuesto a hablar, pero hacerlo de otra forma.

La parte del piloto que más se ha destacado ha sido el inicio. Esos 8 minutos que funcionan a la vez como prólogo y nota aclaratoria del autor. Para hablar de ellos hay que tener en cuenta la existencia de dos tipos de espectadores diferentes: los ya iniciados, es decir los que hemos visto y glorificado The West Wing, Studio 60 on the Sunset Strip y/o Sports Night, y los que se acercan a los nuevo de Sorkin vírgenes (muchos de ellos solo tendrán The Social Network y como mucho A Few Good Men en su inventario audiovisual). Al primer tipo de público el arranque le ha encantado. Sorkin, que gusto volverte a ver. Al segundo, le ha maravillado, sorprendido, impactado. Un personaje empieza a soltar verdades así, de pronto, en el arranque de la historia. A degüello. ¡Qué cosa más novedosa! Pues no. Todo estaba Network.

Network, es una película de los 70 dirigida por el gran Sidney Lumet en la que un presentador de televisión “se volvía loco” y anunciaba que se iba a suicidar en directo, y a partir de ese instante se convertía en una especie de profeta iluminado que decía en televisión todo lo que se le pasaba por la cabeza, a quemarropa. A partir de ahí la película se precipitaba por una espiral iluminadoramente surrealista, a la que el paso del tiempo no le ha sentado demasiado bien. Network tan trascendental (tanto cinematográfica como intelectualmente) en su época es hoy otra película más de finales de los 60 – década de los 70 (como The Graduate, sin ir más lejos) que se observa más desde una óptica de incredulidad que de admiración. El tiempo nos sienta tan mal…

¿Y por qué digo que Sorkin está obsesionado con Network? Porque no es la primera vez que coge la premisa y la hace suya. En realidad “el señor que estalla y dice verdades sin importar las consecuencias que de ello deriven” es el sorkinismo más sorkiniano de todos los sorkinismos, porque es un concepto, no sólo un diálogo. Está en A Few Good Men (ese Jack Nicholson al borde de la demencia), y en The Social Network (Zuckerberg empieza su andadura hacia Facebook al empezar a liarla parda contra el personaje de Rooney Mara en internet), pero sobre todo está en el arranque de sus dos grandes obras: The West Wing y Studio 60.

En The West Wing conocemos a su teórico protagonista (un servidor mantiene que los protagonistas de la serie vista en su totalidad son CJ Cregg y Joshua Lyman), el Presidente de USA, Josiah Bartlet (Martin Sheen) en los 5 minutos finales del piloto (nadie, nunca, bajo ningún concepto se ha atrevido a hacer algo así en TV) y lo hacemos mediante un ataque de indignación al más puro estilo Network: se deja de medias tintas y arremete contra representantes de la derecha religiosa sin importar las consecuencias político-comunicativas que ello puede llegar a acarrear y los echa a patadas de “su Casa Blanca”.

En el segundo caso, Studio 60, la obsesión por Network torna literal. Arranca la serie, el showrunner de un programa tipo Saturday Night Live (vamos, una especie de Lorne Michaels) aparece en mitad de la pantalla en medio de un ataque de ira y empieza, de forma caótica, a soltar toda la frustración e indignación que lleva dentro. Un ataque de locura, un ataque de iluminación. Un chiflado, un profeta. ¿Os suena? Sí, lo hemos visto antes en Network.

Los 8 primeros minutos de The Newsroom son pura magia, un golpe de genialidad narrativo e ideológico. Prácticamente un acto revolucionario. La forma de hacer política y de comunicar están erradas. La dirección del país, y del resto de la civilización occidental por extensión, está errada. Estamos sumidos en la más absoluta de las confusiones, perdidos en la traducción (del discurso comunicativo). Pero podemos mejorar. Las cosas, se pueden hacer de otra manera. Misma premisa inicial que la de Network, diferente camino, en la película de Lumet se optaba por el surrealismo, en la serie de Sorkin por el idealismo. Con todos los peligros que ello conlleva en un mundo tan cínico como este.

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Una respuesta a Sorkin y la eterna obsesión por Network

  1. C.J. dijo:

    Me he leído toda tu entrada, he visto todo los vídeos y sí, el pobre hombre tiene una obsesión. Pero qué me importa si lo peor de la serie es su cabecera (me dueeeeermo). El único miedo que tengo es que caiga demasiado en el idealismo de esta nuestra profesión y que acabe cogiéndole más asco del que ya le tengo.

    Pero allá donde vayas, te seguiremos, amigo Sorkin. Qué grande el amigo Jeff cagándose en todos :D

    P.D.: He de decir que a mí me repateó el final de Studio 60 (pero qué le has hecho a mi Bradley Whitford, por el amor de Dios???).

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