El pasado no ha acabado con vosotros

El famoso discurso de Colosio ante el Monumento a la Revolución en el aniversario del PRI

Decía la frase más memorable de Magnolia de Paul Thomas Anderson “quizás nosotros hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros”. Una frase lapidaria, terrible. Otra forma (una más dolorosa y poética) de volver a decir “la historia se repite una y otra vez”. Algo así está pasando en México. Vuelve el PRI, formalmente un partido político, en la práctica, mucho más que eso.

El Partido Revolucionario Institucional (¿puede haber algo más contradictorio que la revolución y las instituciones? ¿cómo se puede atacar y ser el sistema a la vez?) gobernó México durante 70 años implantando lo que (cómo siempre se recuerda (y sobredimensiona, yo el primero)) Mario Vargas Llosa denominó “la dictadura perfecta”. Formalmente una democracia, puesto que había elecciones, en la práctica una dictadura de un solo partido (un sistema soviético maquillado), puesto que sólo los candidatos del PRI podían ganar. El estado priísta que funcionó como una máquina perfectamente engrasada empezó a deteriorarse en los 80. Agudizándose su crisis en los 90 con la consolidación del PAN a su derecha y el PRD (formado por priístas disidentes) a la izquierda y el asesinato de su candidato presidencial en 1994, Luis Donaldo Colosio meses antes de las elecciones.

No hay nadie más peligroso que alguien que se siente acorralado. Cuando lo tienes todo por perder y has perdido el control de la situación te vuelves impredecible. Eso fue lo que le pasó al PRI en los 90. Colosio había agitado el avispero, había entendido que la única forma de salvar al PRI de sí mismo era dinamitarlo desde dentro, deshacerse de los corruptos, de los caciques, del oscurantismo de politburó. Y eso no gustó a las fuerzas vivas del priísmo, empezando por el Presidente de la República, Carlos Salinas. Pasó lo inevitable. Colosio fue abatido en Tijuana en medio de un acto electoral. Se detuvo inmediatamente al teórico tirador único. Todo el mundo lo vio. Dos días después se presentó a la prensa al presunto asesino. Era más gordo y no tenía hematomas. Mis padres que aún estaban en México, y como ellos muchos otros, juran que no era la misma persona. Vamos, los ingredientes para una conspiración a la altura de la de JFK, o incluso más allá. La policía concluyó que el detenido había actuado en solitario. Se cerró el caso, Salinas colocó a Ernesto Zedillo (actualmente consejero del Grupo PRISA, para que no haya dudas sobre las informaciones de El País), un hombre maleable como nuevo candidato del PRI, y el sistema priísta se perpetuó durante 6 años más, pero estaba tocado de muerte.

En el 2000 llegó a la presidencia Vicente Fox del PAN. El PRI fue desalojado de la Presidencia de la República pero no del poder. Porque en México el poder es el PRI. 12 años después (y tras las presidencias de Fox y de Felipe Calderón, también del PAN) el Partido de la Revolución recupera la Presidencia de la República, y con ella casi todos los resortes del poder mexicano. Durante estos 12 años de travesía en el desierto, el PRI no se ha disuelto, ni dinamitado, ni evolucionado, ni transformado, el PRI sigue siendo igual a sí mismo, el mismo protagonista con otra careta. Nos quieren vender la idea de que una nueva generación inmaculada se ha hecho con el partido. Cambio de nombres pero no de contenidos. Nadie sabe qué es lo que propone el PRI para México, cómo va a acabar con la pobreza y la violencia, cómo va a distribuir mejor la riqueza y como va a luchar contra los narcos. El PRI sigue siendo el partido del centro. Un centro que no es ideológico, pues la ideología del PRI es el poder y en ella se pueden poner en marcha desde políticas socialistas (Lázaro Cárdenas, el mejor presidente de la República) a neoliberales (Salinas); sino sistemático, el PRI era, es y por lo visto seguirá siendo el centro del sistema, todo en México pivota entorno a él.

Peña Nieto no es el nuevo PRI, es más de lo mismo, el pasado adueñándose del presente. No tiene opinión sobre nada, es una cara bonita aupada por los elefantes del partido, los dos grandes grupos mediáticos del país: Televisa y TV Azteca, y por intereses más oscuros que enseñarán su rostro con el paso del tiempo. Cuando uno tiene las elecciones ganadas de antemano, porque tiene todos los resortes políticos, económicos, comunicativos y sociales a su servicio, algo no funciona en el país. Puede que nosotros hayamos acabado con el pasado o puede que no (López Obrador está claro que sigue torturado por él), pero lo que está claro es que el pasado, ciudadanos mexicanos, no ha acabado con vosotros.

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