De cuando le cambié el final a El Padrino. Parte II (y me convencí de que mi final era mejor que el de Coppola y Puzo)

Uno es Fredo, pero… ¿y el otro?
Esta entrada destroza (nunca mejor dicho) el final de The Godfather: Part II

Corría el año 2012, transcurría, para ser exactos, su recta final y el abuelo tomó la sabia decisión de instruir a vuestro tío abuelo en uno de los mundos más fascinantes jamás ideados por el hombre: El Padrino (The Godfather).

Yo había visto El Padrino muchas veces, El Padrino II unas dos o tres y El Padrino III, una única vez. Aunque es cierto que había pasado bastante tiempo de la última vez que me había acercado a la segunda parte, dejándome atrapar por su mundo de mafias y conspiraciones. Aún así estaba convencido de recordar perfectamente como transcurría El Padrino. Parte II. Y sin embargo, me equivocaba.

En el tradicional visionado anual durante la tarde de Nochebuena en que os obligo, bueno mejor os convido amorosamente, a ver la trilogía de las trilogías, mientras corre el Suchard como si fuera bourbon, nunca ha salido el tema, en parte porque me avergüenzo de ello. Pero lo cierto es que vuestro abuelo, queridos nietos, le cambió durante años el final a El Padrino. Parte II.

Como bien sabéis, la película acaba cuando Michael ordena matar a Fredo. Mientras él observa por la ventana un esbirro se carga al pobre hermano lelo (#concepto) en medio del lago. Un gran final, sobre todo gracias al inmenso primer plano al que somete la cámara de Coppola a un Al Pacino descomunal (quizás la mejor secuencia de su carrera y eso que ni pronuncia palabra).

Pues bien, en el final del abuelo, estaba Michael, estaba Fredo, estaba el disparo, estaba el lago, estaba la barca. Y sin embargo todo estaba, mmm como lo diría, más fusionado. En mi final, era Michael, con sus propias manos el que mataba a Fredo, el que disparaba, el que presionaba el gatillo.

Lo peor no es que alterara el final, sino que en mi demencia lo había dotado de lógica narrativa. Le había dado vida propia. Michael mataba a Fredo él mismo, porque consideraba que al ser su propio hermano así debía hacerlo, era una cuestión de honor, de familia, así lo habría querido Don Vito. Además suponía el final del camino a la perdición de Michael, que comenzó en un pequeño restaurante en la primera parte y acababa allí, en ese lago. Frío, muy frío.

Dicho esto, ¿cual fue mi reacción al ver que le había cambiado el final a una de mis películas favoritas? Enrocarme en mi error. Tras un breve (para que engañarnos) debate interno, determiné que mi final era mejor que el de Coppola y Puzo. Dotado de una mayor densidad dramática y perfectamente coherente con el devenir de Michael Corleone. Así, queridos nietos, fue como me creí mejor escritor que Francis Ford Coppola y Mario Puzo, artífices de una de las historias más grandes jamás contadas.

Esta entrada fue publicada en Cuentos del abuelo Ogando y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a De cuando le cambié el final a El Padrino. Parte II (y me convencí de que mi final era mejor que el de Coppola y Puzo)

  1. C.J. dijo:

    Queridos sobrinos nietos, yo cumplí 24 sin ver El Padrino II y III y vuestro abuelo me quería igual :D

  2. C.J. dijo:

    Sin duda, hubiera molado más que MIchael matara a Fredo himself. Queridos sobrinos nietos: cumpliré con El Padrino antes de cumplir 25!

  3. C.J. dijo:

    jajaja lo sé! Esta dura menos de 3 horas! yijaaa!

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